Pablo Laso debe continuar. Las dolorosas derrotas en la final de la Euroliga ante el Maccabi y el Barça, respectivamente, no deben conllevar la destitución del técnico vitoriano. ¿Ha fracasado el Madrid? ¿Ha fracasado Laso? Para mí, no. Si sólo entendemos por fracaso la pérdida de los títulos, quizá podríamos responder de forma afirmativa, pero no es menos cierto que ha llegado a las cuatro finales —Supercopa, Copa del Rey, Euroliga y Liga—, ganando solamente los dos títulos menores. Esas derrotas puedo tildarlas de decepcionantes y chascos, pero no de fracasos.
El Real Madrid de Laso ha logrado la mayor virtud a la que puede aspirar cualquier equipo del deporte que sea: estilo propio. De pocos conjuntos de deportes de equipo se puede afirmar tal cosa. Y no es baladí. Un estilo, además, elogiable y elogiado tanto por la crítica como por el público. Voy a obviar a la crítica —la prensa—, para centrarme en el público, que ha llenado el pabellón partido a partido para disfrutar del juego vistoso y vertiginoso del Madrid.
A mi juicio el mayor hándicap del Madrid estriba en que no compite a la altura de su grandeza en las finales, en los momentos decisivos. En parte por las características de sus jugadores, en parte por las directrices de Laso, no es un conjunto con espíritu ganador.
Ninguno de nuestros grandes jugadores, ni Rudy, ni Sergio Rodríguez, ni Mirotic, ni Llull, ni Carroll, por este orden de jerarquía, se han caracterizado por su determinación y acierto en los momentos decisivos. Ninguno de ellos ha dado el paso al frente en las dos finales perdidas de la Euroliga ni en los partidos decisivos de esta Liga. Y tampoco sabemos a quién de ellos ha otorgado Laso este rol, estos galones. Es más, me inclino a pensar que a ninguno en especial.
La jerarquía es importante en todos los equipos de cualquier deporte colectivo, pero por sus características lo es más todavía en el baloncesto. Creo que Rudy y el Chacho podrían tener un papel más preponderante, pero para ello la labor del entrenador la juzgo fundamental. Y en Laso la echo de menos.
La jerarquía comienza por el quinteto inicial. A mí no me gusta que el mejor base español —por encima de Calderón y Ricky Rubio— no salga en el cinco inicial por sistema y sea, de forma mecánica, el primer cambio. Todos sabemos lo que es ser titular. No me voy a detener en su simbología, pero sí en un aspecto táctico. Sin Sergio Rodríguez de titular nos privamos de ver juntos durante muchos minutos al Chacho, Rudy y Mirotic. ¡No puede ser! Los mejores tienen que jugar juntos y partido tras partido desperdiciamos este trío al comienzo del primer cuarto y del tercer cuarto. Y en los partidos, sobre todos en las finales, todos los minutos son importantes. El sexto hombre del Madrid no lo puede ser el mejor base de España. Lo tiene que ser Llull.
En el debe de Laso también anoto el rendimiento de Carroll, que ha ido a menos temporada a temporada. Lo usa prácticamente como un especialista y no le está dando confianza. Al contrario, es muy poco indulgente con sus fallos. Por sus características, Carroll necesita sentirse importante, decisivo, que se confeccionen jugadas para él, que cuando esté en cancha se le busque como la primera o segunda opción. Y en demasiadas ocasiones no veo un juego táctico desarrollado para él.
Y también cuestiono al técnico por la gestión de las rotaciones y los insuficientes minutos que juegan los mejores en los partidos decisivos. Echo de menos que en las grandes citas Sergio Rodríguez y Rudy Fernández disputen al menos 30 minutos. No es mucho pedir para las dos mayores estrellas del conjunto blanco. En la NBA, por poner dos ejemplos, LeBron James o Kevin Durant juegan más de 45 de los 48 minutos en las series finales.
En cambio, no es culpa de Laso el enorme bajón sufrido por Mirotic ni el mediocre rendimiento de Darden. Éste no es jugador para el Madrid. Ni tampoco es achacable al técnico el distinto rasero arbitral con el que es medido Rudy, a diferencia, por ejemplo, de Juan Carlos Navarro. No pido un trato de favor, sólo un trato igualitario. Y en modo alguno se da.
El Madrid no necesita una revolución, sino tres refuerzos: un base atlético que defienda y con algo más de poderío anotador que Draper, un tres alto por Darden y un pívot en lugar de Slaughter. Y si se fuera Mirotic, un recambio para él de garantías (suena Nocioni pero el mejor sería Doellman).
Abogo por la continuidad del entrenador vitoriano aunque no confío en que varíe sus esquemas ni rotaciones. Creo que la próxima temporada volveremos a criticarle por los mismos aspectos, pero también considero que priman más sus virtudes que sus defectos. Me gusta el estilo del Madrid, su juego dinámico, su bloque, la buena sintonía del vestuario, su capacidad de lucha y su entrega, virtudes en buena medida atribuibles a Pablo Laso.

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