jueves, 16 de septiembre de 2010

Nadal juega para la Historia

Con su victoria en el US Open, Rafael Nadal ha entrado a sus 24 años en el olimpo del tenis. Ha inscrito con letras de oro su nombre entre los 7 más grandes, entre los únicos tenistas que han logrado coronarse en los 4 torneos del Grand Slam.

Tras superar la lesión de rodilla que padeció, Nadal sufrió en 2009 para mantenerse entre los cuatro primeros del ranking mundial. Durante los últimos meses del pasado año y primeros de este fue incapaz de ganar a ningún ‘top ten’, hecho que hizo aventurar a los más agoreros que jamás recuperaría su nivel de juego.

Se equivocaban. Desconocen que la mayor virtud deportiva de Nadal no es su zurda de hierro, ni su portentosa capacidad física, ni su insuperable mentalidad competitiva. Su mayor virtud radica en su inigualable afán de superación.

Desde que ganara en 2005 su primer Roland Garros, el juego del mallorquín ha experimentado un cambio sustancial en aspectos clave del juego que le han llevado a pasar de ser un especialista en tierra batida —probablemente el mejor de todos los tiempos— a un jugador todoterreno capaz de jugar cuatro finales consecutivas de Wimbledon —con dos títulos— y de imponerse en el cemento de Australia y Nueva York, además de en 18 Masters 1000, el que más de la Historia.

Como reconocía tras la final ante Djokovic, en los últimos juegos se sintió muy nervioso porque sabía que estaba a punto de hacer historia con su victoria en el US Open. Porque otra virtud de Nadal estriba ahí, en su capacidad de superar los nervios y la presión a la que ningún jugador, por muy grande que sea, es ajeno.

Liberado ya de esta tensión, una vez alcanzado el Grand Slam, va a ser aún mucho más difícil de batir, más peligroso, más inaccesible. Porque a partir de esta última victoria neoyorkina Nadal ya va a jugar para la Historia.