Treinta y seis horas después del
anuncio público de que no disputará el US Open, se desconoce el alcance, estado
y tiempo previsto de recuperación de la lesión de rodilla que aqueja a Rafael
Nadal. A falta del parte médico oficial, todo son conjeturas: que si tendinitis,
que si una derivación de la tendinitis rotuliana aún no identificada, que si una inflamación del tendón rotuliano de su rodilla izquierda y, además, una degeneración del mismo que, a largo plazo, le podría provocar molestias en toda la articulación de la rodilla.
Nadal jugó
su último partido el 28 de junio, cuando cayó en la segunda ronda de Wimbledon
frente a Lukas Rosol. Desde entonces, canceló la exhibición que tenía prevista
contra Djokovic en el Santiago Bernabéu y renunció consecutivamente a los
Juegos Olímpicos —en donde iba a ser el abanderado de España y además defendía
el oro logrado en Pekín 2008— y a los Masters 1.000 de Toronto y Cincinnati.
El
hermetismo en todo este tiempo ha sido significativo. Es más, el hermetismo y
la falta de transparencia en cuanto a la información médica son las dos notas predominantes
en la gestión de la comunicación de la lesión del manacorense, lo que ha dado
ya pábulo a todo tipo de especulaciones y rumores carentes de base y
fundamento.
Ambas
circunstancias las podía —y puede— atajar de raíz el balear, que cuenta en su entorno
más íntimo, entre otros colaboradores, con un médico personal, Ángel Ruiz
Cotorro; con un agente, Carlos Costa; y con un asesor de imagen y comunicación,
Benito Pérez Barbadillo. Éste, no obstante, no ejerce de portavoz de Nadal,
función de la que se encarga habitualmente su tío, y entrenador, Toni Nadal,
que es quien suele salir a la palestra a explicar algunas de las decisiones más
dolorosas tomadas por su sobrino.
Así
ocurrió por ejemplo cuando Nadal tuvo que renunciar a ser el abanderado de
España en los recientes Juegos Olímpicos de Londres. Entonces, Toni fue el
encargado de transmitir a todos los medios el estado anímico de Rafa; y así
sucedió de nuevo el miércoles por la noche, cuando su tío fue entrevistado
consecutivamente en los programas deportivos de la COPE, SER y Onda Cero tras
la renuncia al US Open.
Sin
embargo, a pesar de los loables esfuerzos y las innegables dotes de persuasión
y convicción, las explicaciones de Toni Nadal no han logrado disipar las dudas
ni las incógnitas sobre el verdadero alcance de la lesión de Rafa, una
incertidumbre que sólo se podrá ahuyentar de una forma: con la explicación
médica de su lesión, del alcance de la misma, de su diagnóstico, de su tratamiento
terapéutico y del tiempo estimado de recuperación. Cuanto más se demoren estas
respuestas oficiales, mayor será el riesgo de proliferación de conjeturas, especulaciones,
teorías y suposiciones. La transparencia informativa constituye la mejor arma, la
herramienta más potente, el instrumento más recomendable para afrontar la
gestión de la comunicación de una situación de crisis.
Otrosí: Rafa Nadal no solo
cuenta en su entorno con el médico Ángel Ruiz Cotorro, sino que también acude
desde hace tres años a la clínica La Esperanza de Vitoria, en donde es tratado
en sus rodillas por el doctor Mikel Sánchez.
