viernes, 17 de agosto de 2012

La gestión de la comunicación de la lesión de Rafa Nadal


Treinta y seis horas después del anuncio público de que no disputará el US Open, se desconoce el alcance, estado y tiempo previsto de recuperación de la lesión de rodilla que aqueja a Rafael Nadal. A falta del parte médico oficial, todo son conjeturas: que si tendinitis, que si una derivación de la tendinitis rotuliana aún no identificada, que si una inflamación del tendón rotuliano de su rodilla izquierda y, además, una degeneración del mismo que, a largo plazo, le podría provocar molestias en toda la articulación de la rodilla.
Nadal jugó su último partido el 28 de junio, cuando cayó en la segunda ronda de Wimbledon frente a Lukas Rosol. Desde entonces, canceló la exhibición que tenía prevista contra Djokovic en el Santiago Bernabéu y renunció consecutivamente a los Juegos Olímpicos —en donde iba a ser el abanderado de España y además defendía el oro logrado en Pekín 2008— y a los Masters 1.000 de Toronto y Cincinnati.
El hermetismo en todo este tiempo ha sido significativo. Es más, el hermetismo y la falta de transparencia en cuanto a la información médica son las dos notas predominantes en la gestión de la comunicación de la lesión del manacorense, lo que ha dado ya pábulo a todo tipo de especulaciones y rumores carentes de base y fundamento.
Ambas circunstancias las podía —y puede— atajar de raíz el balear, que cuenta en su entorno más íntimo, entre otros colaboradores, con un médico personal, Ángel Ruiz Cotorro; con un agente, Carlos Costa; y con un asesor de imagen y comunicación, Benito Pérez Barbadillo. Éste, no obstante, no ejerce de portavoz de Nadal, función de la que se encarga habitualmente su tío, y entrenador, Toni Nadal, que es quien suele salir a la palestra a explicar algunas de las decisiones más dolorosas tomadas por su sobrino.
Así ocurrió por ejemplo cuando Nadal tuvo que renunciar a ser el abanderado de España en los recientes Juegos Olímpicos de Londres. Entonces, Toni fue el encargado de transmitir a todos los medios el estado anímico de Rafa; y así sucedió de nuevo el miércoles por la noche, cuando su tío fue entrevistado consecutivamente en los programas deportivos de la COPE, SER y Onda Cero tras la renuncia al US Open.
Sin embargo, a pesar de los loables esfuerzos y las innegables dotes de persuasión y convicción, las explicaciones de Toni Nadal no han logrado disipar las dudas ni las incógnitas sobre el verdadero alcance de la lesión de Rafa, una incertidumbre que sólo se podrá ahuyentar de una forma: con la explicación médica de su lesión, del alcance de la misma, de su diagnóstico, de su tratamiento terapéutico y del tiempo estimado de recuperación. Cuanto más se demoren estas respuestas oficiales, mayor será el riesgo de proliferación de conjeturas, especulaciones, teorías y suposiciones. La transparencia informativa constituye la mejor arma, la herramienta más potente, el instrumento más recomendable para afrontar la gestión de la comunicación de una situación de crisis. 
           

Otrosí: Rafa Nadal no solo cuenta en su entorno con el médico Ángel Ruiz Cotorro, sino que también acude desde hace tres años a la clínica La Esperanza de Vitoria, en donde es tratado en sus rodillas por el doctor Mikel Sánchez. 

sábado, 11 de agosto de 2012

Segunda final olímpica consecutiva para el trío de oro del baloncesto español

Formaban parte de la selección española que en 1999 derrotó a Estados Unidos (94-87)  en la final del Mundial Júnior de Lisboa, cuando un grupo de chavales conquistó a una nación con su juego alegre, fresco, dinámico y lleno de desparpajo. Tres de aquellos doce júniors de oro —como se les bautizó— aún cabalgan juntos trece años después. Son Pau Gasol, Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes, que volverán a enfrentarse mañana en la lucha por el oro olímpico con otro conjunto estadounidense, en este campeonato liderado por cuatro de los cinco integrantes del mejor quinteto del año en la NBA: Chris Paul, Kobe Bryant, Lebron James y Kevin Durant.
En una segunda parte memorable, España enjuagó ayer una desventaja de 11 puntos al descanso para imponerse a Rusia por 67-59. Por derecho propio, la selección se hizo merecedora de disputar por tercera vez en su historia —y segunda consecutiva— una final olímpica. En las dos precedentes, Los Ángeles 84 y Pekín 08, las finales se saldaron con sendas derrotas.
El trío de oro del baloncesto español —Gasol, Navarro y Reyes— aúna los valores que han hecho único al equipo español. El compañerismo, la camaradería, la entrega, el afán de superación, el tesón y el espíritu competitivo constituyen las señas de identidad, el ADN, de la selección española, unas cualidades que, unidas a unas virtudes y habilidades deportivas excepcionales, han convertido a España en el ‘alter ego’ de Estados Unidos en las grandes citas, en la selección dominadora en el baloncesto FIBA, en la digna sucesora de la URSS y Yugoslavia.
En estos trece años, España ha logrado desde el bronce europeo de Estambul 2001 hasta el oro europeo de Kaunas 2011, pasando por la plata de Estocolmo 2003, el oro en el Mundial de Japón de 2006, la plata en Madrid 2007, la plata en Pekín 2008 y el oro en el europeo de Polonia 2009. Pero el camino también ha estado jalonado de piedras, como la derrota ante Alemania en el Mundial de Indianápolis de 2002 en cuartos, la eliminación ante USA también en cuartos en los Juegos Olímpicos de Atenas —gracias a un soberbio partido de Stephon Marbury que anotó 31 puntos—, la final perdida en Madrid ante Rusia en 2007 en los últimos segundos y el 6º puesto en el Mundial de Turquía de 2010 —con Pau Gasol ausente ese año por decisión propia para descansar—.
Mañana, a las 16 horas, se reeditará en Londres la final de los Juegos de Pekín 2008. En ella, España ofreció la mejor versión jamás vista. Tuteó a Estados Unidos, selección a la que obligó dar lo mejor de sí. Por instantes nos hizo soñar con la gesta. Al igual que entonces, mañana afrontará el choque con los deberes hechos, con la medalla de plata al menos ya en su poder, con la responsabilidad recayendo en el lado yankee. La hazaña parece inmensa. La proeza sería histórica. La epopeya se antoja descomunal, pero una España liberada, suelta, sin presión y sin responsabilidad nos permite albergar alguna posibilidad —pequeña, remota— de tumbar otra vez al gigante americano trece años después.  
           
           
Otrosí: En el partido de preparación disputado antes de los Juegos ante Estados Unidos, que se saldó con una derrota por 22 puntos, España jugó un primer cuarto fantástico, explotando al máximo tanto sus virtudes como los escasísimos puntos flacos americanos.  


Otrosí II: Mario Pesquera y Jorge Garbajosa, los extraordinarios comentaristas de los partidos en TVE, han formado parte de la selección española en los últimos Juegos Olímpicos, el primero como entrenador en Atenas 2004 y el segundo como pieza importantísima tanto en Atenas como en Pekín 2008.

lunes, 6 de agosto de 2012

Murray se corona en La Catedral


Veintiocho días después, en el mismo escenario en el que perdió la final de Wimbledon, y ante idéntico oponente, Andy Murray se coronó en La Catedral del tenis, en la pista central del All England Club, en donde apabulló a Roger Federer (6-2, 6-1 y 6-4), privándole del oro olímpico y, por tanto, del Golden Slam.
            La metamorfosis sufrida por el tenista escocés en cuatro semanas sólo es explicable desde la amarga experiencia de la derrota. Murray tuvo sus opciones en la final de Wimbledon, en la que, tras ganar el primer set, tuvo oportunidades para anotarse el segundo y encarrilar el partido. Aquel día Murray estuvo muy cerca de ganar su primer Grand Slam, pero aquella tarde el problema no radicó en algunas bolas decisivas que cayeron fuera por milímetros. El quid de la cuestión estuvo en la mentalidad del británico, en su cabeza, en su demonio interior. Tras la derrota lloró amargamente porque no porfió con la intensidad necesaria para destronar al rey, al heptacampeón de Wimbledon.
            Desconozco si Murray se ha inspirado en Nadal. Para ello, le habría bastado con haber leído la biografía autorizada del manacorense escrita por John Carlin. En ella, Rafa relata cómo lloró amarga y desconsoladamente en la ducha durante varios minutos tras haber caído ante Federer en cinco sets en la final de Wimbledon de 2007. Nadal sollozaba porque pensaba que había perdido su último tren. Creía que ya nunca podría ganar el torneo londinense. Estimaba que ya no tendría otra oportunidad. Pero, por encima de todo, cuenta que se recriminaba por no haber dado lo mejor de sí mismo en el momento decisivo, por haber dudado, por haberse descentrado en el juego clave, por no haber sido fiel a su patrón de juego. Pero Nadal sí tuvo otra oportunidad. Un año después. En 2008. Y confiesa a John Carlin que, cuando saltó a la central, a La Catedral, se veía ganador en su interior. Sabía que esa vez no iba a fallar. Y no lo hizo.
            Por suerte para Murray, a él no le ha hecho falta esperar un año para tomarse la revancha. Cuatro semanas después ha afrontado el mismo desafío ante idéntico rival. Y, al igual que Nadal, ayer no dudó. Ayer fue una apisonadora. Ayer ratificó todos los presagios que le señalaban como un firme candidato a disputar a Nadal, Federer y Djokovic el cetro mundial. Aún no ha ganado un Grand Slam, pero casi. El torneo de los Juegos Olímpicos puede ser considerado el quinto Grande. Pero ahora viene lo difícil para el escocés. Ahora deberá refrendar este título en el próximo US Open o en los siguientes Grand Slam. Juego tiene para ello. También voluntad y ansia de títulos. Sólo el tiempo dirá si ayer se deshizo de sus pesadillas íntimas, de su enemigo interior. Por de pronto, ayer se encumbró. Se enlazó el oro olímpico. Se doctoró en La Catedral del tenis.  


Otrosí: Juan Martín del Potro rubricó ayer un fantástico torneo olímpico abrochándose la medalla de bronce tras deshacerse de Novak Djokovic. Del Potro, ganador de un Grand Slam —el US Open de 2009 ante Roger Federer—, parece recuperar el nivel que esgrimía antes de la grave lesión padecida en la muñeca derecha, que le obligó a pasar por el quirófano en mayo de 2010. El de Tandil tiene argumentos para formar parte del repóquer de ases con Nadal, Federer, Djokovic y Murray. 

sábado, 4 de agosto de 2012

España es una potencia deportiva mundial, pero no olímpica


Transcurrida la primera semana de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, España ocupa la trigésima posición en el medallero, con dos platas —ambas obtenidas por la nadadora Mireia Belmonte, y un bronce —ganado por la palista Maialen Chorraut—, y con su casillero de oros aún vacío, un bagaje francamente escaso para una potencia en el deporte mundial.
            Por compararnos con algunos países de nuestro entorno, Gran Bretaña lleva 22 medallas (8 oros), Francia 19 (8), Alemania 20 (5) e Italia 12 (4), unos guarismos lejos de los de España. A la vista de estas cifras, la medallitis ha calado hasta los tuétanos entre los comentaristas deportivos y, por ende, en la sociedad española.  Cunde cierto aire de derrotismo en una nación últimamente acostumbrada ver a nuestros deportistas en lo más alto de podio, una sensación de desánimo a mi juicio totalmente infundada.
            Analicemos la cuestión con cierta perspectiva. Para ello, no hará falta que me retrotraiga años en el tiempo, sino meses o, mejor dicho, semanas. De acuerdo, hemos logrado en esta primera semana olímpica pobres resultados en piragüismo, judo, tiro con arco, bádminton, boxeo, esgrima, doma, halterofilia y demás deportes minoritarios. Sí, muy minoritarios. Eso sí, admito que, excepción hecha de Mireia Belmonte, en uno de los deportes olímpicos por excelencia, en natación la delegación española —sobre todo la masculina— presenta unos paupérrimos resultados.
            Sin embargo, no hace mucho alardeábamos, con razón, de la edad de oro del deporte español. Hace un mes que España se proclamó campeona de Europa de fútbol, consiguiendo un triplete histórico: Eurocopa, Mundial, Eurocopa. A principios de junio, Nadal ganaba su séptimo Roland Garros, superando los 6 alcanzados por Borg. Fernando Alonso comanda la clasificación de Fórmula 1 con 40 puntos de ventaja sobre el segundo —Webber—. España es la vigente campeona de Europa de baloncesto. Jorge Lorenzo lidera la clasificación de Moto GP, Marc Márquez la de Moto 2 y Maverick Viñales va segundo en Moto 3. España es la vigente campeona de la Copa Davis, campeonato que ha ganado en cinco ocasiones desde el año 2000. Y Alberto Contador es probablemente el mejor ciclista del momento. Por citar solo algunos logros y ejemplos más recientes.
            España es una potencia deportiva mundial. No hay duda. Pero no es una potencia olímpica. Fundamentalmente, nuestro país tiene su talón de Aquiles en dos grandes deportes: natación y atletismo. Por razones socioculturales y educativas, ambas disciplinas resultan muy minoritarias entre nuestros jóvenes deportistas. La cuestión da sin duda para ser analizada más extensamente, pero habría que replantearse cómo desde los colegios se pueden potenciar la natación y el atletismo.
            Pasarán los Juegos Olímpicos de Londres —esperemos que con mejores resultados en el medallero—, y dudo mucho de que nuestros dirigentes deportivos hagan el examen de conciencia que la cuestión merece. Porque a los pocos días o semanas, volveremos a loar a los grandes deportistas españoles que a buen seguro harán izar nuestra bandera en el mástil más alto. Somos la envidia en fútbol, baloncesto, tenis y motociclismo y, además, tenemos el lujo de contar con Nadal, Gasol, Alonso, Contador, Lorenzo, Casillas e Iniesta. La edad de oro del deporte español.


Otrosí: En las categorías inferiores, España también es una potencia mundial. España se proclamó el pasado julio campeona de Europa sub-19 de fútbol y, el pasado verano, España ganó el campeonato de Europa sub-20 de baloncesto.