lunes, 6 de agosto de 2012

Murray se corona en La Catedral


Veintiocho días después, en el mismo escenario en el que perdió la final de Wimbledon, y ante idéntico oponente, Andy Murray se coronó en La Catedral del tenis, en la pista central del All England Club, en donde apabulló a Roger Federer (6-2, 6-1 y 6-4), privándole del oro olímpico y, por tanto, del Golden Slam.
            La metamorfosis sufrida por el tenista escocés en cuatro semanas sólo es explicable desde la amarga experiencia de la derrota. Murray tuvo sus opciones en la final de Wimbledon, en la que, tras ganar el primer set, tuvo oportunidades para anotarse el segundo y encarrilar el partido. Aquel día Murray estuvo muy cerca de ganar su primer Grand Slam, pero aquella tarde el problema no radicó en algunas bolas decisivas que cayeron fuera por milímetros. El quid de la cuestión estuvo en la mentalidad del británico, en su cabeza, en su demonio interior. Tras la derrota lloró amargamente porque no porfió con la intensidad necesaria para destronar al rey, al heptacampeón de Wimbledon.
            Desconozco si Murray se ha inspirado en Nadal. Para ello, le habría bastado con haber leído la biografía autorizada del manacorense escrita por John Carlin. En ella, Rafa relata cómo lloró amarga y desconsoladamente en la ducha durante varios minutos tras haber caído ante Federer en cinco sets en la final de Wimbledon de 2007. Nadal sollozaba porque pensaba que había perdido su último tren. Creía que ya nunca podría ganar el torneo londinense. Estimaba que ya no tendría otra oportunidad. Pero, por encima de todo, cuenta que se recriminaba por no haber dado lo mejor de sí mismo en el momento decisivo, por haber dudado, por haberse descentrado en el juego clave, por no haber sido fiel a su patrón de juego. Pero Nadal sí tuvo otra oportunidad. Un año después. En 2008. Y confiesa a John Carlin que, cuando saltó a la central, a La Catedral, se veía ganador en su interior. Sabía que esa vez no iba a fallar. Y no lo hizo.
            Por suerte para Murray, a él no le ha hecho falta esperar un año para tomarse la revancha. Cuatro semanas después ha afrontado el mismo desafío ante idéntico rival. Y, al igual que Nadal, ayer no dudó. Ayer fue una apisonadora. Ayer ratificó todos los presagios que le señalaban como un firme candidato a disputar a Nadal, Federer y Djokovic el cetro mundial. Aún no ha ganado un Grand Slam, pero casi. El torneo de los Juegos Olímpicos puede ser considerado el quinto Grande. Pero ahora viene lo difícil para el escocés. Ahora deberá refrendar este título en el próximo US Open o en los siguientes Grand Slam. Juego tiene para ello. También voluntad y ansia de títulos. Sólo el tiempo dirá si ayer se deshizo de sus pesadillas íntimas, de su enemigo interior. Por de pronto, ayer se encumbró. Se enlazó el oro olímpico. Se doctoró en La Catedral del tenis.  


Otrosí: Juan Martín del Potro rubricó ayer un fantástico torneo olímpico abrochándose la medalla de bronce tras deshacerse de Novak Djokovic. Del Potro, ganador de un Grand Slam —el US Open de 2009 ante Roger Federer—, parece recuperar el nivel que esgrimía antes de la grave lesión padecida en la muñeca derecha, que le obligó a pasar por el quirófano en mayo de 2010. El de Tandil tiene argumentos para formar parte del repóquer de ases con Nadal, Federer, Djokovic y Murray. 

2 comentarios:

  1. Gonzalo; no tengo nada que decir. Porqués, dóndes cuándos y cómos. Y lo mejor del artículo; el protagonista. Esta mañana me he despertado, desayunado y duchado leyendo sobre Federer. Único y exclusivo. Murray, comparsa que ha cumplido. Éste es el artículo. El que había que escribir y el que hay que leer.
    Como me encantan, un ejemplo añado de pésimo periodismo.
    Al día siguiente de que Conchita derrotara a Navratilova en el cesped inglés, The Sun proporcionaba una "admirable" crónica sobre el evento. El la última frase se la última columna aparecía el siguiente acertado comentario. "The final was conquered by the spaniard Conchita Martínez". Fue la vez que su nombre pudo ser leído en el papel de un día. No fue mencionado en otra ocasión.
    Bien. Eso es lo que no has hecho. Bravo.

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    1. Efectivamente, César. El auténtico protagonista fue Andy Murray.

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