Veintiocho días después, en el
mismo escenario en el que perdió la final de Wimbledon, y ante idéntico
oponente, Andy Murray se coronó en La Catedral del tenis, en la pista central
del All England Club, en donde apabulló a Roger Federer (6-2, 6-1 y 6-4),
privándole del oro olímpico y, por tanto, del Golden Slam.
La metamorfosis sufrida por el tenista escocés en cuatro
semanas sólo es explicable desde la amarga experiencia de la derrota. Murray
tuvo sus opciones en la final de Wimbledon, en la que, tras ganar el primer
set, tuvo oportunidades para anotarse el segundo y encarrilar el partido. Aquel
día Murray estuvo muy cerca de ganar su primer Grand Slam, pero aquella tarde
el problema no radicó en algunas bolas decisivas que cayeron fuera por
milímetros. El quid de la cuestión estuvo en la mentalidad del británico, en su
cabeza, en su demonio interior. Tras la derrota lloró amargamente porque no
porfió con la intensidad necesaria para destronar al rey, al heptacampeón de
Wimbledon.
Desconozco si Murray se ha inspirado en Nadal. Para ello,
le habría bastado con haber leído la biografía autorizada del manacorense escrita por John Carlin. En ella, Rafa relata cómo lloró amarga y
desconsoladamente en la ducha durante varios minutos tras haber caído ante
Federer en cinco sets en la final de Wimbledon de 2007. Nadal sollozaba porque
pensaba que había perdido su último tren. Creía que ya nunca podría ganar el
torneo londinense. Estimaba que ya no tendría otra oportunidad. Pero, por
encima de todo, cuenta que se recriminaba por no haber dado lo mejor de sí
mismo en el momento decisivo, por haber dudado, por haberse descentrado en el
juego clave, por no haber sido fiel a su patrón de juego. Pero Nadal sí tuvo
otra oportunidad. Un año después. En 2008. Y confiesa a John Carlin que, cuando
saltó a la central, a La Catedral, se veía ganador en su interior. Sabía que
esa vez no iba a fallar. Y no lo hizo.
Por suerte para Murray, a él no le ha hecho falta esperar
un año para tomarse la revancha. Cuatro semanas después ha afrontado el mismo
desafío ante idéntico rival. Y, al igual que Nadal, ayer no dudó. Ayer fue una
apisonadora. Ayer ratificó todos los presagios que le señalaban como un firme
candidato a disputar a Nadal, Federer y Djokovic el cetro mundial. Aún no ha
ganado un Grand Slam, pero casi. El torneo de los Juegos Olímpicos puede ser
considerado el quinto Grande. Pero ahora viene lo difícil para el escocés.
Ahora deberá refrendar este título en el próximo US Open o en los siguientes
Grand Slam. Juego tiene para ello. También voluntad y ansia de títulos. Sólo el
tiempo dirá si ayer se deshizo de sus pesadillas íntimas, de su enemigo
interior. Por de pronto, ayer se encumbró. Se enlazó el oro olímpico. Se
doctoró en La Catedral del tenis.
Otrosí: Juan Martín del Potro
rubricó ayer un fantástico torneo olímpico abrochándose la medalla de bronce
tras deshacerse de Novak Djokovic. Del Potro, ganador de un Grand Slam —el US
Open de 2009 ante Roger Federer—, parece recuperar el nivel que esgrimía antes
de la grave lesión padecida en la muñeca derecha, que le obligó a pasar por el
quirófano en mayo de 2010. El de Tandil tiene argumentos para formar parte del
repóquer de ases con Nadal, Federer, Djokovic y Murray.

Gonzalo; no tengo nada que decir. Porqués, dóndes cuándos y cómos. Y lo mejor del artículo; el protagonista. Esta mañana me he despertado, desayunado y duchado leyendo sobre Federer. Único y exclusivo. Murray, comparsa que ha cumplido. Éste es el artículo. El que había que escribir y el que hay que leer.
ResponderEliminarComo me encantan, un ejemplo añado de pésimo periodismo.
Al día siguiente de que Conchita derrotara a Navratilova en el cesped inglés, The Sun proporcionaba una "admirable" crónica sobre el evento. El la última frase se la última columna aparecía el siguiente acertado comentario. "The final was conquered by the spaniard Conchita Martínez". Fue la vez que su nombre pudo ser leído en el papel de un día. No fue mencionado en otra ocasión.
Bien. Eso es lo que no has hecho. Bravo.
Efectivamente, César. El auténtico protagonista fue Andy Murray.
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