Tres semanas después de haber
alzado la copa por séptima vez, Roger Federer volverá a pisar hoy el inmaculado
césped de su jardín particular, la pista central del All England Club, sede de
Wimbledon, el torneo de tenis más prestigioso del mundo, y lo hará para
enfrentarse con el colombiano Alejandro Falla, un zurdo que actualmente ocupa
el puesto 51 en el ranking de la ATP. Para el
suizo, flamante número 1 del mundo, tras haber superado el récord de
Pete Sampras como el jugador que más semanas ha estado al frente de la
clasificación mundial, Londres 2012 le coloca ante uno de los últimos desafíos,
ante uno de los pocos entorchados que le faltan: el oro olímpico.
Federer no
guarda buen recuerdo de sus últimas dos participaciones en los Juegos
Olímpicos. En 2004, en Atenas, cuando partía ya como número 1, cayó en la
segunda ronda ante el checo Tomas Berdych; y hace cuatro años, en Pekín, fue apeado
en cuartos por el estadounidense James Blake. Pero ahora, en la capital inglesa,
la historia no tiene por qué repetirse, y, más bien al contrario, todos los
factores parecen estar del lado del helvético.
La
superficie del torneo, la hierba de Wimbledon, es la que mejor se adapta a su
innata clase. Su dominio en este terreno ha sido abrumador en la última década,
y sólo tres jugadores han sido capaces de superarle: Nadal en la final de 2008
y Berdych y Tsonga en los cuartos de 2010 y 2011, respectivamente.
La
confianza con la que el suizo afronta este torneo olímpico proviene no sólo del
hecho de haber ganado hace tres semanas, sino de un factor exógeno: la ausencia
por lesión de Nadal, que beneficia a Federer no solo desde el punto de vista
meramente deportivo, ya que el manacorense le aventaja claramente en sus
enfrentamientos directos (18-10), sino psicológico, ante la impotencia de
superarle, especialmente en las grandes citas, basta evocar a modo de ejemplo
las lágrimas derramadas por el suizo tras las derrotas en las finales de
Wimbledon 08 y Australia 09. Puede que Roger Federer sea el mejor jugador de la
historia del tenis si atendemos a dos de sus inigualables guarismos: más
títulos de Grand Slam (17) y más semanas al frente de la clasificación de la
ATP (al menos 286). A la hora de designar al rey de reyes, la cátedra tenística
se muestra dividida. Para unos es el suizo, para otros Rod Laver. Pero sea como
fuere, no albergo duda alguna de que Nadal es mejor que Federer. Ahí están las
cifras de sus duelos directos, de las cuales no se deduce, ni mucho menos, que
el balear sea el mejor de la historia.
Con Nadal
ausente de los Juegos por mor de una tendinitis en una rodilla, el favoritismo
de Federer se acrecienta. En su camino, el suizo tendrá que lidiar a partir de
hoy con el citado Falla y, en segunda ronda, con el vencedor del duelo
Benneteau-Youzhny. En los hipotéticos cuartos se vislumbra como rival el
cañonero estadounidense John Isner y en semis, Del Potro o nuestro admirable
gladiador David Ferrer. Por el otro lado del cuadro, antes de llegar a
enfrentarse en unas posibles seminales, Djokovic y Murray tendrán que superar
diversos escollos, como Tsonga, Raonic, Roddick o Berdych.
Ninguno de
los favoritos lo tendrá fácil. Nadie. Ni los más grandes. Este torneo es
diferente. A pesar de que el tenis es uno de los deportes más individualistas
por antonomasia, en los Juegos Olímpicos se defiende el pabellón nacional, el
orgullo patrio, lo que impregna todas las competiciones de un halo especial,
muy propicio para la gesta y la épica.
Hoy
comienza el desafío olímpico de Roger Federer, que va en pos de una hazaña, una
proeza, un hito exclusivo del que tan solo pueden presumir tres tenistas,
Steffi Graf, Andre Agassi y Rafael Nadal, los únicos que han ganado los cuatro
torneos del Grand Slam y la medalla de oro olímpica. El Golden Slam.
Otrosí: Novak Djokovic es el
otro jugador que más posibilidades tiene de entrar en el selecto grupo del
Golden Slam. Para ello, además del torneo olímpico, necesitaría ganar en los
próximos años Roland Garros.
Otrosí II: Aparte de los dos
claros favoritos, Federer y Djokovic, y del eterno aspirante, Murray, no hay
que perder de vista las opciones de Tsonga y de una joven promesa, el
canadiense Milos Raonic. Se da la circunstancia de que el sorteo los ha
emparejado en la hipotética segunda ronda, y de que el vencedor podría
encontrarse con Djokovic en cuartos.

La ocasión es pintiparada para el suizo. Wimbledon y, si lo logra, la Olimpiada son dos triunfos que agrandan sobremanera la figura de este increíble tenista. Casi todo se ha dicho sobre él. Los adjetivos con que se le adorna son más propios de héroes griegos que de terrenales deportistas. Más allá de mi opinión sobre su primacía en el escalón más alto del podio de la historia del tenis, la pregunta que me ronda las meninges es siempre la misma: ¿ Se puede ser el mejor de todos lo timepos cuando has sido derrotado en ocasiones definitivas por el mismo jugador encontrándose ambos en el zenit de su carrera? La respuesta no es sencilla . La frialdad y espectacularidad de los números restarán importancia al día día vivida entre ambos gigantes el último septenio. Según ellos, Roger debe ser considerado el más grande. Mas si la reflexión nace de lo que hemos observado en las canchas entre ambos atletas no podemos más que dudar del aserto en cuestión. Puede parecer un exabrupto dudar de Federer como Dios del tenis, pero es una cuestión dificil de dirimir. El fan deRoger es rocoso, como lo es el de Nadal, pero la defensa que de uno y otro solemos oir difieren sobremanera. Factores como la elegancia del sueco adquieren un metasignificado que, siendo ésta inigualable, no suma a la hora de conceder el honor del cetro mundial. De igual modo, tampoco lo hace la famosa garra, el estoicismo o la increíble fe en sí mismo del manacorí. Debemos, por tanto, recurrir a aquello que no es opinable ni dudosa ficción; los hechos. Resultados y emparejamientos. En el general, Federer es el que dicen ser. Sus números asustan. Pero el particular head-2-head deja, no una rendija, sino la herida del Titanic para reforzar una aseveración tan superlativa como la que estamos desmenuzando,. Como la película no ha acabado continuaremos disfrutando de dos de los deportistas más fascinantes de todos los tiempos.
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