sábado, 11 de agosto de 2012

Segunda final olímpica consecutiva para el trío de oro del baloncesto español

Formaban parte de la selección española que en 1999 derrotó a Estados Unidos (94-87)  en la final del Mundial Júnior de Lisboa, cuando un grupo de chavales conquistó a una nación con su juego alegre, fresco, dinámico y lleno de desparpajo. Tres de aquellos doce júniors de oro —como se les bautizó— aún cabalgan juntos trece años después. Son Pau Gasol, Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes, que volverán a enfrentarse mañana en la lucha por el oro olímpico con otro conjunto estadounidense, en este campeonato liderado por cuatro de los cinco integrantes del mejor quinteto del año en la NBA: Chris Paul, Kobe Bryant, Lebron James y Kevin Durant.
En una segunda parte memorable, España enjuagó ayer una desventaja de 11 puntos al descanso para imponerse a Rusia por 67-59. Por derecho propio, la selección se hizo merecedora de disputar por tercera vez en su historia —y segunda consecutiva— una final olímpica. En las dos precedentes, Los Ángeles 84 y Pekín 08, las finales se saldaron con sendas derrotas.
El trío de oro del baloncesto español —Gasol, Navarro y Reyes— aúna los valores que han hecho único al equipo español. El compañerismo, la camaradería, la entrega, el afán de superación, el tesón y el espíritu competitivo constituyen las señas de identidad, el ADN, de la selección española, unas cualidades que, unidas a unas virtudes y habilidades deportivas excepcionales, han convertido a España en el ‘alter ego’ de Estados Unidos en las grandes citas, en la selección dominadora en el baloncesto FIBA, en la digna sucesora de la URSS y Yugoslavia.
En estos trece años, España ha logrado desde el bronce europeo de Estambul 2001 hasta el oro europeo de Kaunas 2011, pasando por la plata de Estocolmo 2003, el oro en el Mundial de Japón de 2006, la plata en Madrid 2007, la plata en Pekín 2008 y el oro en el europeo de Polonia 2009. Pero el camino también ha estado jalonado de piedras, como la derrota ante Alemania en el Mundial de Indianápolis de 2002 en cuartos, la eliminación ante USA también en cuartos en los Juegos Olímpicos de Atenas —gracias a un soberbio partido de Stephon Marbury que anotó 31 puntos—, la final perdida en Madrid ante Rusia en 2007 en los últimos segundos y el 6º puesto en el Mundial de Turquía de 2010 —con Pau Gasol ausente ese año por decisión propia para descansar—.
Mañana, a las 16 horas, se reeditará en Londres la final de los Juegos de Pekín 2008. En ella, España ofreció la mejor versión jamás vista. Tuteó a Estados Unidos, selección a la que obligó dar lo mejor de sí. Por instantes nos hizo soñar con la gesta. Al igual que entonces, mañana afrontará el choque con los deberes hechos, con la medalla de plata al menos ya en su poder, con la responsabilidad recayendo en el lado yankee. La hazaña parece inmensa. La proeza sería histórica. La epopeya se antoja descomunal, pero una España liberada, suelta, sin presión y sin responsabilidad nos permite albergar alguna posibilidad —pequeña, remota— de tumbar otra vez al gigante americano trece años después.  
           
           
Otrosí: En el partido de preparación disputado antes de los Juegos ante Estados Unidos, que se saldó con una derrota por 22 puntos, España jugó un primer cuarto fantástico, explotando al máximo tanto sus virtudes como los escasísimos puntos flacos americanos.  


Otrosí II: Mario Pesquera y Jorge Garbajosa, los extraordinarios comentaristas de los partidos en TVE, han formado parte de la selección española en los últimos Juegos Olímpicos, el primero como entrenador en Atenas 2004 y el segundo como pieza importantísima tanto en Atenas como en Pekín 2008.

1 comentario:

  1. He salido de trabajar. Acabo de ver repetida la descomunal final de 4x100 ya que durante los cuarentaypocos segundos que ha durado la carrera jamaicana andaba yo escudriñando la mejor manera de hacer un gin-tonic sin parecer un mandril con una cachimba.
    Y en éstas, me llaman. -¿Y qué crees que pasará mañana?-. Era un familiar. Pianista. Le importa tanto el deporte, en general, como a mí la reciente visita a Marte de una máquina perpetrada por el ser humano. Pero hete aquí que la final de oro le hacía cosquillas.
    Sin esperarlo, el canalla me ha despertado la esperanza de hace cuatro años. Y de ocho. De doce. La que entregabas a Corbalán , Epi o Martín hace veinte años. Y no fallaron; aun perdiendo.
    Las posibilidades, como explicas, son las que son. Exiguas. No estoy de acuerdo con esa imbecilidad repetida por los mediocres de que "no hay nada que perder". Lo hay; y por arrobas. Muy otra cosa es que, sin parangón, este desafío sobrepasa con creces cuaquiera otro a los que una selección española se haya enfrentado.
    Estos atletas americanos lo tienen todo. La sombra del Equipo del Sueño de 1992 les persigue y les ayunta. Quieren que se les considere como iguales a aquellos bárbaros. Los egos se amontonan como las langostas en el desierto pero parece que, por ahora, no les estorba. No hay mácula en un camino destinado al oro. Son un equipo, más allá de cualquiera otra definición.
    ¿Existe la posibilidad de ganar? Claro que sí. Pocas, pero haylas; como brujas gallegas.
    Solo apuesto, no por un resultado, por un hecho. España va a jugar su mejor partido de los Juegos.
    ¡Viva España! Esta generación es la repetición de la de los ochenta con un enorme plus de peso específico en cuanto a talento y competitividad en el mundo del baloncesto y del deporte.
    A por todas. Los egos, que sumen. La responsabilidad individual, que sume. La patria, que sume. Todos a una. Hay que robar al diablo para llegar un paso más allá que los fabulosos ochenteros. Lo merecen. Una generación para la historia.

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