sábado, 4 de agosto de 2012

España es una potencia deportiva mundial, pero no olímpica


Transcurrida la primera semana de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, España ocupa la trigésima posición en el medallero, con dos platas —ambas obtenidas por la nadadora Mireia Belmonte, y un bronce —ganado por la palista Maialen Chorraut—, y con su casillero de oros aún vacío, un bagaje francamente escaso para una potencia en el deporte mundial.
            Por compararnos con algunos países de nuestro entorno, Gran Bretaña lleva 22 medallas (8 oros), Francia 19 (8), Alemania 20 (5) e Italia 12 (4), unos guarismos lejos de los de España. A la vista de estas cifras, la medallitis ha calado hasta los tuétanos entre los comentaristas deportivos y, por ende, en la sociedad española.  Cunde cierto aire de derrotismo en una nación últimamente acostumbrada ver a nuestros deportistas en lo más alto de podio, una sensación de desánimo a mi juicio totalmente infundada.
            Analicemos la cuestión con cierta perspectiva. Para ello, no hará falta que me retrotraiga años en el tiempo, sino meses o, mejor dicho, semanas. De acuerdo, hemos logrado en esta primera semana olímpica pobres resultados en piragüismo, judo, tiro con arco, bádminton, boxeo, esgrima, doma, halterofilia y demás deportes minoritarios. Sí, muy minoritarios. Eso sí, admito que, excepción hecha de Mireia Belmonte, en uno de los deportes olímpicos por excelencia, en natación la delegación española —sobre todo la masculina— presenta unos paupérrimos resultados.
            Sin embargo, no hace mucho alardeábamos, con razón, de la edad de oro del deporte español. Hace un mes que España se proclamó campeona de Europa de fútbol, consiguiendo un triplete histórico: Eurocopa, Mundial, Eurocopa. A principios de junio, Nadal ganaba su séptimo Roland Garros, superando los 6 alcanzados por Borg. Fernando Alonso comanda la clasificación de Fórmula 1 con 40 puntos de ventaja sobre el segundo —Webber—. España es la vigente campeona de Europa de baloncesto. Jorge Lorenzo lidera la clasificación de Moto GP, Marc Márquez la de Moto 2 y Maverick Viñales va segundo en Moto 3. España es la vigente campeona de la Copa Davis, campeonato que ha ganado en cinco ocasiones desde el año 2000. Y Alberto Contador es probablemente el mejor ciclista del momento. Por citar solo algunos logros y ejemplos más recientes.
            España es una potencia deportiva mundial. No hay duda. Pero no es una potencia olímpica. Fundamentalmente, nuestro país tiene su talón de Aquiles en dos grandes deportes: natación y atletismo. Por razones socioculturales y educativas, ambas disciplinas resultan muy minoritarias entre nuestros jóvenes deportistas. La cuestión da sin duda para ser analizada más extensamente, pero habría que replantearse cómo desde los colegios se pueden potenciar la natación y el atletismo.
            Pasarán los Juegos Olímpicos de Londres —esperemos que con mejores resultados en el medallero—, y dudo mucho de que nuestros dirigentes deportivos hagan el examen de conciencia que la cuestión merece. Porque a los pocos días o semanas, volveremos a loar a los grandes deportistas españoles que a buen seguro harán izar nuestra bandera en el mástil más alto. Somos la envidia en fútbol, baloncesto, tenis y motociclismo y, además, tenemos el lujo de contar con Nadal, Gasol, Alonso, Contador, Lorenzo, Casillas e Iniesta. La edad de oro del deporte español.


Otrosí: En las categorías inferiores, España también es una potencia mundial. España se proclamó el pasado julio campeona de Europa sub-19 de fútbol y, el pasado verano, España ganó el campeonato de Europa sub-20 de baloncesto. 


4 comentarios:

  1. Por Fernando Ruiz Millán:
    Efectivamente, en un país de "nuevos ricos" los deportes basados en el esfuerzo y con poco reconocimiento a nivel económico y social como natación, atletismo o gimnasia (por citar los deportes olímpicos por antonomasia) están abandonados por nuestros jóvenes que sólo tienen por espejo las habilidades de Gasol , Nadal, Iniesta o los motoristas de turno, lo cual tampoco es mal espejo. El nivel de la natación española en la piscina ha sido lamentable, y me explicaré: detrás de Mireia que ha hecho un papel espectacular no ha habido nadie, sin ninguna presencia en finales que es lo que realmente da el nivel de un país. La excepción la tenemos en la sincronizada en la que somos una potencia en auge. En gimnasia, el papel ha sido especialmente desastroso con un equipo femenino que ni siquiera se clasificó en el preolímpico y el masculino, para olvidar . Queda el atletismo, con un panorama ciertamente oscuro, ayer ninguno de nuestros corredores de 1500 se clasificó para semifinales, cosa que no ocurría desde Seúl 88. Toca disfrutar con los deportes de equipo y con MICHAEL PHELPS, ¡best olympic ever!

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  2. El análisis es tan exhaustivo que deja bien claro que existe un problema endémico en el deporte español. Más adelante iremos con ello. Como siempre, arrimo el ascua a mi sardina; la política y la ideología. Como influyen estas variables en unos resultados deportivos. Puede parecer extraño pero yo observo una tremenda ligazón. Allá voy.

    Primero. España no gana medallas. Ningún país lo hace. Son hombres y mujeres. España es el contexto. Como tal, como impronta para unos jóvenes que van a dedicar casi toda su juventud
    a un sueño, es de las peores del mundo. Y con toda lógica, por cierto.

    Los dos deportes mentados, Atletismo y Natación, con todo el respeto, están muy poco relacionados con el talento si los comparamos con otros en los que sobresalimos. Pero son la quintaesencia del esfuerzo y el individualismo. Y aquí encontramos la clave. Ese enorme esfuerzo que, o bien se sufre desde la cuna o no existirá jamás, es nuestro talón de Aquiles.

    El individualismo feroz del mundo sajón, del protestantismo, es un marco perfecto para la afirmación de un individuo en la sociedad por medio del deporte; ¡de cualquier deporte¡. No huele distinto en otros campos como la investigación, las cátedras y doctorados o
    la música. Esa vieja máxima que reza "el premio para quien lo merece" por trabajo, por esfuerzo, por insistencia, en España vendría a ser como una Filípica de Cicerón, siendo cualquier español el Marco Antonio de turno. Espero no me creas pedante pero el silogismo es brutal.

    Recientes encuestas demuestran que es el entramado funcionarial el preferido por los jóvenes españoles como su ideal de futuro. Dicho de otro modo, su lugar en el mundo se encuentra bajo el abrigo del Gran Leviathan: el estado. Este dato, imnpensable en cualquier otro lugar del mundo occidental, es trascendente para nuestro análisis como ejemplo de cierto desdén en nuestra sociedad hacia aquello que tenga que ver con ser el mejor, buscar más allá más de lo que tú talento te procura o sobresalir sobre el resto por medio de aquello que hace que un país avance; ser lo mejor que puedas o tu mejor versión. Si además el resultado te adorna como mejor que el resto, miel sobre hojuelas.

    Atletismo o natación no se practican como el fútbol o el baloncesto. No encontramos en los primeros los beneficios inmediatos que adornan a los segundos; el reconocimiento automático que disfruta un niño ( y lo peor, los padres) en el momento exacto en el que destaca en cualquiera de los deportes llamados reyes. Por contra, acaban las horas académicas y, en otros países, en otros contextos, son legión los preadolescentes que se van a una piscina o a un gimnasio para ser lo mejor que puedan ser. El imaginario colectivo y las pruebas que procuran anteriores generaciones les convencieron de que, como individuos y como nación, esas interminables horas alejadas de amigos, focos y laureles, se transmutarán en un futuro próximo en una realidad de brutal contenido ligada al éxito, la superación, el orgullo y la satisfacción del postre merecido por haber hecho bien los deberes cuando nadie miraba. Cuando nadie miraba y nadie te palmeaba la espalda.

    Jamás se desprenderá Estados Unidos, valga como ejemplo, de una coletilla que le adjudica la prostituida Europa: allá solo cuenta el que gana. Mendaz latiguillo que repite la causante de todas las grandes guerras como muestra de nuestra superioridad política e ideológica sobre el abusón americano. Nos atrevemos a dar clases con premisas falsas. ¡Qué desvergüenza!.

    Sigue...

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  3. Acabaré con otro ejemplo que adoro y muchos deploran. Le llovieron bofetadas como panes a un número uno mundial por decir la verdad cuando le preguntaron algo que para él tenía una respuesta obvia. Fernando Alonso se atrevió a manifestar la cruda realidad del deporte de élite. Esto no se lo debo a nadie. El primer agradecimiento, salvo sea mi padre, es para mí. El mérito es mío. Lo guiso y lo como. Un asturiano con cuello de toro atacó los principios básicos de nuestra podrida España y le ombliguista Europa. Lo apalearon. Grandes amigos, fenómenos competidores, recelan de esta persona por chulo, antipático, desagradecido o malenncarado. El descomunal piloto disparó con titulos mundiales contra le mediocridad y medacidad su país y de Europa, esa zorra. No aduló. No alabó a ciertos terceros porque no tenía razón alguna para hacerlo. Sin más. Insoportable para los mediocres. Inescrutable para los que creen que todo éxito se basa en un cúmulo de ayudas y empujones que te conducen al paraíso.

    No, no y no! Hay que repetirlo hasta la afonía. El mundo y el éxito no se basan en un Plan ADO 92.

    España no está preparada para competir con semejantes desventajas. Solo el individualismo bien entendido y el orgullo por tu colectivo, por tu patria, nación o como coño lo quieran llamar, nos hará oir el pistoletazo de salida a
    la vez que un negro de Alabama que ha sufrido lo inimaginable para alcanzar una gran cima.

    Nosotros estamos acostumbrados, asquerosamente, a que "alguien" nos procure el piolet, la cordada y abra camino.

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